Desde luego hay que sacar fuerza para leerse el decreto real, porque resulta muy a mi pesar, que si, que va a ser real. Pensé que el anuncio leído en prensa la semana pasada sería un bulo, pero va a ser que no y nos acaban de echar un pulso a los abogados, a los procuradores y a las instituciones que nos representan.

Porque a ver si lo he entendido bien, que una ya esta saturada de tanto decreto para el desayuno, que estoy empezando a aborrecer hasta el café. ¿No me digan que todos los operadores jurídicos tendrán derecho a descanso menos los procuradores y abogados?. ¡Vaya! Pero si no es 28 de diciembre, sino de abril, entonces no es una inocentada, esto es real. Muy bonito y considerado, si señor. Me refiero considerado con los operadores con derecho a descanso, no con nosotros, por supuesto, porque siempre hubo clases. Imagino que será porque al ser nosotros los únicos operadores autónomos, pues no hay que indemnizar. Empezamos bien la desescalada. Bueno, para mi ser abogada siempre ha sido una escalada nivel Teide, nada fácil. Así que la desescalada no iba a ser menos, tropezón y caída libre, no sólo será la ruina económica para nosotros sino que también será emocional, si antes no nos mata el coronavirus. La cosa pinta mal tirando a negro. Desde luego espero que nadie se atreva a decir que esta profesión no es vocacional con lo que tenemos que aguantar los abogados.
A ver si me explico para que llegue a los que redactan decretos y hagan otro modificando este:
Les voy a contar un secreto. Los abogados y procuradores no tenemos vacaciones. No se equivoquen, no las tenemos. Las llamamos así porque somos unos soñadores y queremos vivir con ilusión y parecernos al resto de los mortales. Pero no nos engañemos, no las tenemos. Lo que sí teníamos antes del decreto real era un mes inhábil. Es decir y ahí va el secreto, teníamos un mes de descanso mental sin notificaciones de procuradores, aunque sí de Lexnet (“el engendro” para los amigos), pero sin tener la obligación de contestarlas en el plazo establecido. Eso, nosotros, lo llamamos “vacaciones”. Durante ese mes, son pocos los que viajan al Caribe salvo que se casen, porque claro, es el único mes que un abogado puede casarse si quiere estar de luna de miel sin notificaciones. A la mayoría no nos da para viajar muy lejos y somos felices tomando cañitas por la noche, pues estando en el turno de oficio, te apañas con poco. Esta profesión no es de ricos sino de supervivientes, no lo olviden nunca. Pero yo no lo llamaría vacaciones, porque los clientes llaman con las dudas sobre custodias, con las pensiones, alguna guardia cae fijo, hay que ordenar todo el papeleo pendiente para que no se acumule en septiembre, rescatar esos asuntos sin fecha que requieren de tranquilidad mental y pensarlos, hacer números y ver si da para viajar algunos días en familia y con suerte, por la noche, salir a tomar algo si la economía anual, que no mensual, lo permite, pero con la tranquilidad de que aunque lleguen por Lexnet notificaciones impertinentes para tu paz emocional, pues con apuntar el plazo empezando desde septiembre, puedes hacer otra cosa, mariposa. Es un mes idílico porque podemos poner el móvil sin sonido ni despertador y contestar esas llamadas perdidas cuando nos plazca dentro de un plazo prudencial. Y claro, eso se refleja cuando paseamos con nuestros hijos y por eso, ellos ansían que llegue agosto y disfrutemos de su tiempo. Yo vacaciones le llamaría a que nos abonaran ese mes de agosto una gratificación o dieta (esta de moda) por nuestra contribución al turno de oficio, pero eso ya si que es soñar en grande.
Saben una cosa, pues que mi humor negro se pone tizón, porque nos piden esfuerzos siempre a los mismos. Si viera esfuerzos por otros pues a lo mejor me motivaba. Pero de 31 días para mí y mi familia que se lo merecen, me han quitado 21 a golpe de decreto y sin anestesia y por supuesto sin remunerar. Y no está bien. Porque mis hijos tienen derecho a estar conmigo y sino que me lo compensen económicamente y así yo podría intentar compensarle a ellos. ¿Dónde se supone que debo dejarlos? ¿los dejamos a los abuelos con un virus suelto sin vacuna? ¿los dejamos en casa solos? ¿o nos los llevamos al juicio con 40 grados a la sombra? ¿van a poner una guardería en el juzgado? ¿o los dejo con los familiares del cliente? ¿qué hacemos con la conciliación familiar?. Esto es la consecuencia jurídica y el perjuicio del decreto.
Y ahora voy al quid de la cuestión: ¿ustedes saben lo que cuesta notificar al demandado en este país? ¿y a un acusado? ¿y a los testigos? ¿y a peritos? ¿y a todos juntos y que se celebre sin que ninguno se ponga enfermo? A ver, ¿pretenden una desescalada sin medios y que todas esas demandas que se presenten, se incoen, se notifiquen y se contesten antes de agosto? Me quedo muerta si la medida para agilizar sea que celebremos juicios en agosto pero nadie haya pensado que será imposible notificar sin medios durante junio y julio suponiendo que se pueda, claro. Y si consiguen esa utopía ¿pretenden que el cliente venga de sus vacaciones? ¿pretenden que él concilie su vida familiar por su juicio? ¿o que se conecte por vía telemática desde dónde? Yo es que me he perdido.
Ya lo dije el otro día y lo repito hoy, el problema de la justicia no se soluciona habilitando 21 días por decreto y dejando sin descanso emocional a abogados y procuradores. El problema está desde hace muchos años. Lo mismo inicias un procedimiento penal hoy y entre instrucción y elevación al penal te pueden dar de 5 a 10 años para fecha de juicio. Y en lo civil hoy presentas demanda y ya para el año que viene o siguiente te señalan, si es verbal, porque si es ordinario tiembla. Esto sin coronavirus, claro está. Así que si quieren solucionarlo rápido y eficazmente, dótenla de medios pero de verdad, no tapando goteras con pintura de cal. Porque es injusto que jueces, fiscales, letrados de la administración y funcionarios tengan derecho a descanso remunerado y nosotros no tengamos ni siquiera derecho a descanso mental a secas.
Rosalía Pascua